Libertinaje (y muerte)

Estos días he empezado a leer el Jot Down de octubre de 2013. Lo compré hace tiempo, en mi librería favorita de la ciudad en que vivo, y he ido aplazando su lectura durante meses. Ahí estaba, no muy lejos, en la pila de libros de mi mesilla, pero ha ido quedando poco a poco relegado por lecturas más recientes o más urgentes, cada vez más abajo en el montón, hasta casi desaparecer.

Recientemente he ordenado mi habitación, la mesilla ha quedado despejada de libros, y ha emergido a la superficie esta joya de trescientas dieciocho páginas. He acometido su lectura con la curiosidad del novato. He empezado por el final. Lo que decía, una joya.

El leit motiv de este número, el cinco, es el libertinaje, y alrededor de este tema orbitan cincuenta y ocho escritos (relatos breves) de otros tantos autores. Todo ello aderezado por fotos de, entre otros, el gran Chema Madoz. Voy avanzando en su lectura (inversa) con ese regocijo íntimo de quien abre lentamente la tapa del cofre del tesoro. Sorprendiéndome con cada texto, paladeando las diferentes historias, los diversos enfoques de un mismo tema. Piezas de Nacho Carretero, Silvia Castellanos, Claudia Roca, Juan José Gómez Cadenas, Manuel Jabois, Pedro Torrijos, Juan Marsé, Juan Tallón. Ay, Juan Tallón. Otra vez Juan Tallón. Un déjà vu pero a la inversa. Estábamos predestinados a encontrarnos, sospecho. Y espero que sea una relación duradera. Juan escribe como yo quisiera escribir. Por eso lo admiro y lo odio a partes iguales.

En la vida, no pocas veces se trata de seguir recto, obviando el radio de la curva, y llegar a la meta a través del despeñadero. Los frenos están sobrevalorados. Cada cierto tiempo conviene no revisarlos. Cuestionar la frenada. El frenesí es eso: a la mierda los frenos. A la mierda la curva. A la mierda todo, menos la velocidad. (J. Tallón)

El relato de Juan Tallón se llama “Acaba pronto” y, como siempre, habla de otras historias y otros personajes, como Samuel Beckett, Rodolfo Fogwill o George Simenon, entre otros. Incluso de Romário. Juan y el fútbol, siempre. Relaciona libertinaje con desenfreno, e incluso con inspiración. Comparto su tesis.

El sexo es importante en la vida, pero lo es aún más la forma en la que se afronta y se vive, incluso aunque apenas se practique. Se puede follar más o menos, pero para que tenga sentido, para que sea algo realmente vital y telúrico, el sexo debe ser libertino. Sucio, si quieres. Animal. Espontáneo. Abierto. Obsceno. Creativo. El sexo no es más que una excusa para alcanzar a descubrir lados oscuros y brillantes por igual del alma humana. Es un medio, no un fin. No hay caminos para el sexo, el sexo es el camino, Gandhi dixit. Y ni siquiera es totalmente necesario practicarlo. Sólo hay que entenderlo. Es como la dialéctica de Hegel, puedes vivir sin entenderla, pero te perderás uno de los momentos cumbres del pensamiento humano.

Decía que Juan Tallón es un canalla que escribe como un genio y cuya crónica sobre el libertinaje no podía ser más acertada. Claudia Roca, por su parte, describe el oasis de libertad sexual que fue el Madrid de finales de los 70 y principios de los 80. Habla, entre otros, de Luis Antonio de Villena y sobre todo “del gran héroe de aquellos años, el que llevó más lejos su libertad”, Eduardo Haro Ibars. Y me entran muchas ganas de saber algo más sobre la biografía de este tipo, el hijo de Eduardo Haro Teclgen, a quien yo escuchaba por la radio.

Pero, ¿por qué estoy hablando de todo esto si yo quería hablar de otra cosa, de los trescientos desaparecidos del Canal de Sicilia? Se habla estos días de la “lista Falciani” y del HSBC, de las negociaciones de paz en Ucrania, de la imputación de Cristina Fernández de Kirchner, de corrupción y de encuestas electorales. No veo grandes titulares ni debates en torno a la tragedia en el Mediterráneo. Hoy, como hace un año, mueren cientos de personas y nosotros seguimos jugando al bingo. Y es que seguimos siendo, a pesar de todo, unos grandísimos hijos de puta.

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